El verano, es el único momento del año donde todo puede pasar. Nos abrimos a lo nuevo, soltamos el control y tenemos las emociones a flor de piel. No hay guiones,no hay control: solo lo exageración de lo simple, lo absurdo de lo cotidiano, el bizarro encanto de ser libres. Nos divertimos y perseguimos el placer. Cuando calienta el sol es ese instante en que todo brilla demasiado, donde lo ridículo se vuelve magnético y lo desprolijo, memorable.